EN BOLIVAR ESTA NUESTRO FUTURO

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Los Estudiantes y la Identidad Bolivariana

La voracidad con que irrumpe el neoliberalismo en nuestros pueblos arrasa con cuanto encuentre débil y disperso.

El desbordamiento de las políticas neoliberales, una vez instaladas en nuestros países, lleva consigo el desplome de nuestra cultura y memoria histórica. Se opera entonces un acelerado y constante proceso de desideologización; pretendiendo así negar nuestra identidad, la que explicamos a partir del arraigo y reconocimiento de nuestras propias costumbres y valores.

 

Para el logro de sus fines, el neoliberalismo promueve toda suerte de espejismos y artificios que distorsionan la imagen de la realidad, y haciendo uso de sus medios de alienación nos impone conductas, prejuicios, estilos y modos muy mediocres de concebir la misma.

En ese sentido, se nos percibe como entidades físicas carentes de todo juicio y cuya única condición de existir es aceptar de modo pasivo el estilo enfermizo de vida que nos promueve el capitalismo, como si fuésemos un vulgar receptáculo para elementos de deshecho.

Constantemente se nos inyecta el venenoso egoísmo, que nos promete formas de pensar absurdas y mezquinas. Se nos extraen violentamente nuestras raíces autóctonas, remplazándolas por frívolas creencias. Nos coagulan el torrente vital de nuestra rebeldía creadora, porque es mejor la quietud y la voluntad pasiva para la salud de los imperios. Y precisamente, contra la abulia, la ociosidad, la quietud, la sumisión; valores que tácticamente promociona el capitalismo para mantener nuestras conciencias enajenadas y nuestras manos atadas, surge la voz altiva de Simón Bolívar, el Libertador de la patria americana, para advertirnos que “una vida pasiva e inactiva es la imagen de la muerte, es el abandono de la vida, es anticipar la nada antes de que llegue” ; en efecto, Bolívar no le concedió ni siquiera breves minutos a la apatía y al desánimo y por el contrario, no obstante a la adversidad, su estirpe de guerrero incansable siempre salió avante. De allí su justa condena al mutismo, a la pereza mental, al dejar pasar; porque el silencio y la dispersión han sido utilizados por los enemigos del pueblo para mantenernos sometidos.

El discurso neoliberal no se modifica pues quienes lo enuncian son precisamente los que ejercen el sicariato social y moral, pretendiendo con ello matar la esperanza, asesinar la rebeldía y torturar los sueños. Groseramente se burlan de las utopías porque les temen, porque contradicen sus intereses; es el ejemplo de lo ocurrido a Simón Bolívar, quien con escasos 22 años ya soñaba con una idea extraordinaria, la unión de todos nuestros pueblos en una sola nación, en la Patria grande y juró consagrar incluso su propia vida para lograrlo; teniendo que vencer en ese propósito colosal, las barreras colocadas no solo por la cruel corona española sino también por los precursores de la oligarquía criolla, que se negaban a creer siquiera como posible la realización de la independencia americana. La tarea histórica a la que estamos convocados, no es lamentar el crimen de esa humanidad cometido contra el pueblo; es emular el digno ejemplo de nuestro Libertador quien no solo jugó un papel protagónico en su tiempo, sino que trascendió con su pensamiento y obra los límites de nuestro pasado haciéndose inmortal.

Erigiremos un nuevo estado de cosas que dignifique nuestra condición humana en general y con la claridad con que somos consientes que esta lucha será obstaculizada por los enemigos de las causas populares, lo somos en mayor medida de la necesidad de saber conjugar, al igual que Bolívar, ingenio y fuerza, todas las veces que nos sea necesario. A diferencia de la perversidad y mezquindad con que el neoliberalismo impone a ultranza sus modos decadentes de vida, se pone de manifiesto la propuesta humanista que por años hemos reiterado, aquella que responde a la idea de dignidad y de progreso que nunca antes, como hoy, resultara tan necesaria para el logro de la anhelada libertad; sobre todo la principal expresión de la misma: la libertad del espíritu, la libertad de nuestras conciencias.

 

Es justo también mencionar que Simón Bolívar vuelve para templarnos el carácter, nos da las razones para seguir avanzando en la búsqueda de una nueva nación. Fuerza, valentía, decoro, coraje; eran los elementos más importantes para la materialización de esta gran empresa. Estas mismas condiciones que según El Libertador caracterizan a los Jóvenes, deben ser el estímulo que nos permita canalizar estas energías a favor de la construcción de La Nueva Colombia.

 

Consientes de la postración social que padece nuestro país, y que por tanto debemos dirigir nuestros esfuerzos para superarla, es que hacemos una lectura del mundo a partir del ideario bolivariano. Y cuando lo adoptamos como principio guía de nuestras luchas, lo hacemos porque responde al sentir de quienes creemos en la necesidad y posibilidad de un nuevo orden social, fundamentado no en el economicismo, sino en la idea humanista contenida en el proyecto social y político del Libertador de América.

A la barbarie del capitalismo se oponen las ideas de progreso enarboladas por Bolívar.

El Libertador sintetiza la idea de identidad de nuestros pueblos; en él se conjugan ingenio, coraje y fuerza para enfrentar la opresión en el justo propósito de la lucha por la conquista de la libertad y la unificación de Nuestra América. Los compromisos que como jóvenes en proceso de formación tenemos, trascienden los espacios de la escuela, razón por la que el mundo en general se nos convierte en escenario propicio para canalizar nuestro espíritu noble y rebelde en servicio de la patria. Pertenecer a un sector específico de la sociedad no quiere decir que nos abstraigamos del todo nacional.

Por tanto debemos hacer propias las demás iniciativas sociales que proyecten esa nueva patria. Haciendo nuestra la lucha de todos los colombianos, evitando la trampa tendida por los imperialismos, quienes con propuestas malsanas nos intentan marginar de las demás luchas populares.

Cuando aspiramos a nuevas y mejores condiciones de existencia, donde no exista la miseria, la explotación, la marginalidad, la exclusión, el hambre, el desplazamiento, el saqueo, el irrespeto a las diferentes formas de pensar, entre otras lacras de la actual sociedad, estamos admitiendo con ello la necesidad urgente de construir la patria bolivariana.

 

¿Qué decimos cuándo nos referimos a la patria bolivariana?

Hacemos referencia, primero a reafirmar nuestra dignidad, que por siglos nos han querido robar. Y segundo, manifestamos que una patria que responda a los anhelos populares debe dar cuenta de la justicia, la igualdad y la libertad, principios estos que son el sustento de la verdadera democracia. La armonía de estos elementos se traduce en una patria soberana y libre de la opresión, liberada del yugo imperial, capaz de trazar su propio rumbo político, cultural, económico.

Este es el modelo que inequívocamente nos señalara Bolívar.

 

Al respecto, Jose Luis Saldedo Bastarno, ilustre historiador venezolano, explicaba: “.soberanía e independencia, no para el aislamiento autárquico ni para el menguado truque de un imperialismo por otro imperialismo, sino para la afirmación de vida, sin hegemonías. De unidad, no para agredir ni separar; de unidad para la paz y el desarrollo. De democracia, no para la contemplación de excelencias teóricas ni para el frívolo despliegue de formalismos hueros, sino para efectivo ejercicio político, libre y superior. De progreso, no para el ensimismamiento ni el goce egoístas, sino para intercambiar y compartir las obras del amor y la faena propios.

De igualdad, no para vengar recónditas frustraciones, ni para solventar ocultas inferioridades, sino para dignificar a los marginados y corregir inaceptables injusticias que no pueden ni deben soportarse más”. (J.L.Salcedo Bastardo).

 

La claridad y sencillez del pensamiento bolivariano y su realización en la práctica, nos da la autoridad de resaltar su vigencia, rescatándolo de los sarcófagos a que lo habían sumido la actitud secular de las oligarquías, quienes ven en el ideario bolivariano una amenaza para sus intereses particulares. Ellos continuarán ocultando y tergiversando la obra del Libertador, no obstante, nuestros esfuerzos deben dirigirse al estudio, difusión, práctica y reivindicación del ideario bolivariano. Es un imperativo para todos los jóvenes, que como nosotros no creen en el fin de las ideologías ni en el fin de la historia, hacer posible éste compromiso.

Colmemos nuestra sed bolivariana, y qué manera más legítima que luchar por espacios propicios para la discusión y el debate franco y abierto, que nos permitan conocer y encontrarnos con nuestra verdadera historia.

El fascismo está a las puertas de un inmenso abismo y de nosotros depende que sucumba. Hagamos de nuestras casas, nuestras aulas, nuestras escuelas, trincheras naturales desde le hagamos frente a ese enemigo común hasta que por fin podamos verlo expirar.

¡Con Bolívar, venceremos!

MOVIMIENTO JUVENIL BOLIVARIANO POR LA NUEVA COLOMBIA

“editado TAVOMORA”

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